Without you.

¿Y para qué mentir a estas alturas del camino? Te extraño y eso no es un delito.

Claro que uno se enamora y también siente miedo: de que al otro se le acabe el amor, o que se vaya, o que se lo lleven

(Fuente: marleenster, vía tepongoelcaremalo)

Suspiré en aquel momento, sintiendo lo pesado de mi cuerpo y quizá lo mucho que dolía mi corazón. Sabía que algún día eso pasaría, pero sabes que no lo esperaba tan pronto. Tú me miraste, algo incómodo y dijiste que las cosas… se habían confundido. Solté una risa, plenamente irónica y sarcástica. “Vaya, se han confundido”, repetí, sin poder creerlo. Agachaste la mirada, como si estuvieras avergonzado.

"No pretendía que esto llegara tan lejos", murmuraste, en un susurro que casi se perdió con el viento. Pero no, lo escuché. "Y sé que es mi culpa". Lo negué, te dije que no eras culpable de nada y que las cosas no se habían confundido. Siempre fuimos amigos, ni más ni menos, aunque muy en el fondo siempre quisimos ser algo más.

Tenía tantas ganas de preguntarte si era por ella que casi lo hago, mas me mordí la lengua y me aguanté. Si lo hacía era posible que te perdiera para siempre, aunque, en todo caso, ya te había perdido irremediablemente. Suspiraste, levantaste la vista y pude distinguir tus ojos húmedos. Aquello avivó mis lágrimas, que luchaban arduamente por salir, y derramó un par que se perdieron en mis labios. Tus ojos siguieron la ruta de las gotas salinas, pero no dijiste nada.

"Lo lamento", fue casi un susurro, "Pero prométeme que no me odiarás". Recuerdo que sonreí, fuiste demasiado ingenuo. ¿Odiarte? ¿Yo? No podría aunque quisiera. Podrías lastimarme mil veces de la misma forma, que en mí no habría más que amor para ti. Tú, dubitativo, te acercaste a mí y me abrazaste con fuerza.

Consolándote. Consolándome. Consolándonos.

Ese par de jóvenes no éramos nosotros, no, eran sólo niños que jugaban a amarse y terminaron enamorados de verdad. Eran niños que, tarde o temprano, recibirían un castigo por estar jugando hasta tarde. Y al parecer, el castigo lo habías propuesto tú mismo.

"Creo que… sigo enamorado de ella", mentiste, de manera casual, mientras aún me sostenías. Mis pies se hicieron repentinamente pesados, pero la ironía se apoderó de mi sonrisa. Aquello era típico de ti: decir algo grosero y remediarlo con un abrazo. Aunque, en aquel caso, fue algo demasiado hiriente.

"Suerte, en ese caso", dije al separarme de ti. Di dos pasos hacia atrás, y tú dudaste en acercarte de nuevo. Pero no, no dejaría que te acercaras a mí. No otra vez, no para dañarme. "¿Estamos bien?", preguntaste. "Claro, ¿Por qué no habríamos de estarlo?", dije, tragándome las palabras que quería gritarte. «Me dejas por ella», quise decir, «Me dejas por quien más daño te ha hecho».
“Promételo”, insististe arduamente. Me reí, tan fingidamente que hasta tú lo notaste. Lo prometí, por supuesto, pero ambos sabíamos que era una promesa vacía. “¿Puedo…?” dijiste, dejando a medias la pregunta.

Pero no para mí, cielo, para mí aquella pregunta estaba más que completa. Sonreí con las lágrimas bajando, y siendo incapaz de hablar asentí. Te acercaste con fuerza por segunda vez, aunque me había prometido no dejarte hacerlo, y me besaste con dureza, con desesperación… y quizá con un poco de dolor.

«Éste es el final», me dije, con el corazón en la mano, «Aquí termina todo». No tengo idea de qué terminaba entre nosotros si nunca hubo nada, pero sucedió. Algo murió ese día dentro de los dos. Me besaste durante lo que parecieron horas, y luego, como si nada hubiese pasado, te alejaste.

Claro que volverías con ella. Ella era todo lo que yo quería para ti: bonita, delgada, alta, políglota, sociable, simpática y sumamente talentosa. Estaba orgullosa de ti, pero a la vez estaba sumamente herida. Porque ella no era yo. Y yo quería ser ella. Quería llenar tus expectativas, quería ser más alta, quería ser más delgada, quería aprender otro idioma, quería viajar, quería tener una voz bonita, quería tener coordinación… Quería ser para ti.

Pero no, yo era tan sencilla y cotidiana que entendía que la eligieras a ella. Mi existencia no bastaba en lo absoluto, y lo aceptaba plenamente. Porque te merecías lo mejor, aunque no fuera yo.

—   Ni un minuto más, Natalie Moore. (via silencio-de-letras)

(vía c-a-y-e-n-d-o-a-p-e-d-a-z-o-s)

“El hombre enamorado no se aleja.
Las mujeres saben alejarse a pesar de estar enamoradas.
No sé quién es más tonto.”

—   Vuelta y Giro. (via quelqu-un-m-adit)

(Fuente: vueltaygiro, vía imperfect-butthappy)

¿Alguna vez han amado y odiado a alguien al mismo tiempo?

feelthelovewithheart:

Justo ahora…

(Fuente: perdida-entu-mirada, vía imperfect-butthappy)

“Permítame decirle que algunas veces estoy feliz y otras estoy sin usted.”

—   

Letras Secretas (via letrassecretas)

Y viceversa…

(via denisesoyletras)

(vía imperfect-butthappy)

“Jamás se enamoren de un corazón roto, algunas piezas pertenecen a otras personas y jamás lo tendrán por completo.”

—   No sé de quien es :c (via lotransmites-todo-palabra)

(vía imperfect-butthappy)